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De los tres clanes de elfos que emprendieron el Gran Viaje de la Tierra Media a las Tierras Imperecederas, del que menos se habla en las historias que han llegado hasta los hombres es del primero, cuyo rey, Ingwë, es el señor supremo de todos los pueblos elfos. Se trata de la raza de los vanyar, también conocida como de los hermosos elfos, cuyos miembros tienen una aperiencia dorada, pues su cabello es el más rubio de todos los pueblos. Mantienen excelentes relaciones con los valar y éstos sienten por ellos un gran aprecio; el parecer del señor de los valar, Manwë, y de Varda, su reina, coincide siempre con el de ellos.

Los vanyar han tenido poco que ver con los hombres. Sólo han regresado a la Tierra Media en una ocasióny fue para luchar contra Morgoth en la gerra de la Cólera, que puso fin a la Primera Edad del Sol. Ningún vanyar permaneció allí, todos regresaron a las Tierras Imperecederas.

Lo que se conoce de este pueblo ha llegado a oídos de los hombres a través de los exiliados, los noldor que regresaron a la Tierra Media en la época del nacimiento de los hombres. Aun siendo los menos numerosos de los tres clanes, los vanyar son los más sabios y valientes.

Recién llegados a las Tierras Imperecederas, construyeron junto con los noldor la ciudad de Tirion sobre la verde colina de Túna. Se trataba de una gran ciudad de torres y muros blancos. La torre más alta de todas las de los elfos era Mindon Eldaliéva, la Torre de Ingwë. En su cima brillaba una lámpara de plata que iluminaba los Mares Sombríos y en su patio crecía un vástago de Telperion llamado Galathilion que florecía junto con el pueblo élfico.

Pero al cabo de un tiempo los vanyar empezaron a sentir todavía más cariño por la luz de los Árboles, pues los inspiraba para componer canciones y versos. Por eso deseaban establecerse en un lugar donde brillara en todo su esplendor. Así, pues, Ingwë condujo a su pueblo desde Tirion hasta el pie de Taniquetil, el monte de Manwë, el señor supremo de los valar. Allí decidieron quedarse y allí han permanecido aun después de que se apagaran los Árboles.